La Bolsa o la vida (Las Agencias)

El mes de junio estaba cada vez más cerca y los medios de comunicación locales no dejaban de repetir los muchos altercados que se producirían durante las manifestaciones contra el Banco Mundial. Lo decían en la tele, en los periódicos, en todas partes. Sin embargo, a menos de un mes del inicio de las movilizaciones seguían sin tener ninguna mínima prueba que corroborase su relato. Ni una sola fotografía con la que ilustrar tal suposición, ni un solo contenedor ardiendo, ni tan siquiera un triste escaparate roto, nada. Entonces fue cuando se nos ocurrió aquello de «La Bolsa o la vida»

Josian, que siempre se enteraba de todo, descubrió que el edificio de la Bolsa de Barcelona estaba considerado un edificio de interés turístico y que, por lo tanto, podían solicitarse visitas guiadas. Aquello fue el detonante de nuestra acción. Llamamos a las oficinas de la Bolsa en Barcelona y les pedimos una visita guiada por el interior del edificio. Una chica muy amable nos contestó que no había ningún problema, que únicamente necesitaba saber el número aproximado de personas que harían la visita; nosotros le dijimos que unas diez mil más o menos. Nada más colgar el teléfono, la chica amable hizo exactamente lo que queríamos que hiciera: llamar a la policía. Mientras tanto, nosotros nos dedicamos a enviar a las redacciones de los periódicos locales una serie de fotografías que nos habíamos tomado en la puerta del edifico de la Bolsa unos días antes. Eran unas fotos en las que aparecíamos retratados como un grupo ordinario de turistas, pero con bolsas en la cabeza (bolsas en la Bolsa, muy conceptual todo). Las fotos iban acompañadas de una nota en la que informábamos de que estábamos preparando la visita más multitudinaria de la historia a la Bolsa de Barcelona, y que toda la prensa estaba invitada.

Las fotos debieron gustarles bastante, pues al día siguiente aparecieron varias publicadas en casi todos los periódicos. Supongo que vieron en ellas los indicios de los altercados que con tanta insistencia abordaban sus redactores. La primera parte del plan ya estaba cumplida y la segunda la dejamos en manos de la policía. Al ver nuestras fotos en la prensa, el consejero de interior de la Generalitat catalana ordenó ampliar el dispositivo de control que la policía ya había instalado alrededor de la Bolsa tras la llamada de aquella chica tan amable. Más vallas, más furgonetas, más agentes de policía. Un dispositivo de control de lo más completo, y todo para evitar una visita que, por otra parte, no pensábamos hacer.

Los únicos afectados por estas medidas de control fueron los accionistas, los brokers, que, acostumbrados como estaban a entrar y salir del edifico de la Bolsa como Pedro por su casa, encajaron fatal el hecho de ser cacheados y olisqueados por perros adiestrados una y otra vez. Tan molestos llegaron a sentirse por todo aquello que decidieron unánimemente dejar de acudir a la Bolsa durante un par de días en señal de protesta. Así que el edificio de la Bolsa estuvo cerrado durante dos jornadas consecutivas por una simple llamada telefónica y unas cuantas fotografías absurdas. Nos corrimos una fiesta descomunal para celebrarlo. Acompañados por el Showbus, con la música a tope, cientos de personas estuvimos todo un día bailando a ritmo frenético con bolsas en la cabeza. Llegamos incluso a darnos un chapuzón en la fuente pública que hay en Paseo de Gracia justo delante del edificio de la Bolsa. Y es que si hay que elegir entre la Bolsa o la vida, nosotros elegimos la vida sin pensárnoslo dos veces. Mucha vida.