New Kids on the Black Block

El argumento detrás de la desmedida represión policial contra el movimiento antiglobalización se sostenía en un mito creado por los medios de comunicación: el mito del Black Block. Los media construyeron una imagen muy particular de este grupo político representándolo como criminal y responsable único de la violencia producida en las manifestaciones antiglobalización. El Black Block en manos de los media comenzó a aparecer como el nuevo enemigo. Enemigo del poder financiero y de los ciudadanos que rechazan la violencia, y enemigo también del propio movimiento antiglobalización, pues marcaba la línea divisoria entre manifestantes violentos y los que no lo eran. Esta representación mediática tan simplona, basada en el esquema amigo/enemigo, fue capaz de diluir severamente la rica y diversa expresión del conjunto de los movimientos sociales que componían aquel movimiento global. Por eso consideramos urgente comenzar a actuar de una manera eficaz en el desgaste sistemático del término Black Block.

Retomamos una idea con la que ya habíamos comenzado a coquetear en el último periodo de Las Agencias: Los New Kids on the Black Block. El nombre era una mezcla entre el Black Block y los New Kids on the Block, un grupo musical de gran éxito a finales de los años 80 y principios de los 90. De algún modo, este grupo fue pionero del fenómeno que poco después se conocería como B-boys o grupos de fans. Los New Kids on the Block instauraron una fórmula que después se repetiría en infinidad de otros grupos como los Back Street Boys o las Spice Girls. Cinco jóvenes con estética diversa, fácilmente reconocibles por el público adolescente, que bailaban e interpretaban canciones de lo más pegadizas. Detrás de estos grupos se escondía una perfecta fórmula estudiada por la discográfica de turno con una finalidad claramente comercial.

Lo que nosotros pretendíamos con New Kids on the Black Block no era ni mucho menos criticar a estos grupos, ni tampoco al Black Block. Lo que nosotros perseguíamos era evidenciar la lógica comunicativa que inserta tanto a unos como a otros en la lógica del consumo. Toda nuestra acción se orientaba a la denuncia de la criminalización del movimiento antiglobalización y a arremeter contra ella mostrando los mecanismos con los que se construye. Y lo hacíamos apropiándonos de las formas y el lenguaje de un grupo de fans. Produjimos pegatinas, posters, fanzines y pins y compusimos canciones y algún que otro vídeo-clip. También confeccionamos un montón de diseños de moda pensados específicamente para ser usados en las acciones que los New Kids on the Black Block llevaron a cabo en muchas ciudades del mundo.

Los New Kids on the Black Block se convirtieron muy pronto en una herramienta de transgresión política dedicada a desvelar los mecanismos empleados por los discursos dominantes. En nuestras performances y actuaciones nos apropiábamos de dichos discursos y los rompíamos desde dentro, abriéndolos a una representación más diversa y compleja. Actuábamos en la calle, en mitad de unos disturbios o en un plató televisivo. Ofrecimos infinidad de ruedas de prensa en nombre del movimiento antiglobalización. Nadie supo nunca quién se escondía detrás de ese nombre; los New Kids on the Black Block fueron concebidos siempre como una «identidad múltiple», una especie de máscara colectiva y anónima. Los New Kids on the Black Block le otorgaban a cualquiera que lo necesitase una facultad expresiva y representativa capaz de hacer frente a las descripciones reduccionistas y criminalizadoras que con tanta fuerza corrían por los medios de comunicación.

La presentación pública de los New Kids on the Black Block la hicimos por todo lo alto. La Unión Europea acababa de concederle la presidencia semestral a España y una campaña denominada «Contra la Europa del capital, la globalización y la guerra» se había puesto en marcha por todo el país para protestar en cada una de las cumbres programadas durante el tiempo que duraba la presidencia. Nuestro Showbus iba a ser uno de los grandes protagonistas de estas protestas. La idea era que recorriese el país ofreciéndose a muchos movimientos sociales como herramienta comunicativa y como dispositivo de intervención. Pero fue imposible. Un día antes de que dieran comienzo las primeras manifestaciones en Barcelona el Showbus apareció completamente destruido.

Entraron en su interior por la noche y destruyeron a golpes las mesas de trabajo, las pantallas y la cabina del conductor. Después, subieron al techo e hicieron lo mismo con el escenario. Y para finalizar lo rociaron de gasolina y le prendieron fuego. La noticia nos pilló completamente descolocados, no sabíamos qué hacer ni qué decir. Ninguna de las respuestas que suelen darse a este tipo de incidentes nos convencía del todo. No nos veíamos saliendo en la prensa compungidos por la pérdida ni tampoco nos veíamos aplicando la ley del ojo por ojo. Así que, tras darle un par de vueltas al asunto, nos inclinamos por hacer de la crisis oportunidad y aprovechamos este incidente para presentar públicamente a los New Kids on the Black Block.

Nos enfundamos los trajes, nos tomamos unas fotos muy divertidas en el autobús quemado y se las mandamos a la prensa junto con una nota que decía: «Somos los New Kids on the Black Block, un grupo tan radical que quema su propio autobús». La cosa funcionó a las mil maravillas: en apenas unas pocas horas todo el mundo conocía ya a los New Kids on the Black Block. Así es cómo esta nueva identidad colectiva logró colarse en la maquinaria de generación de mitos y en muy poco tiempo cientos de incondicionales empezaron a adherirse a su causa.

Durante todo el tiempo que fuimos los New Kids on the Black Block, pusimos a prueba, siempre con mucho humor, una serie de estrategias creativas que lograron tanto combatir la criminalización mediática como la represión policial en innumerables ocasiones.