Prêt-à-révolter (Las Agencias)

La segunda inversión del dinero del MACBA fue la compra de unos cientos de metros de telas de colores chillones y un par de máquinas de coser grandes. La idea era confeccionar unos trajes unisex que respondiesen a dos propósitos distintos. Por un lado, los trajes debían proteger a los usuarios en una manifestación o en cualquier otro tipo de situación en la que sus cuerpos corriesen riesgo de ser lastimados. Por otro lado, nuestros trajes debían responder a los preceptos de lo que entonces llamábamos «representación directa». Es decir, la capacidad propia y autónoma de la que disponíamos para representar nuestra forma de vida. No nos gustaba en absoluto cómo aparecía representado el activismo social en los medios de comunicación; los periodistas del momento habían comenzado a introducir el término Black Block para describir al movimiento antiglobalización. Este término reducía una experiencia social rica, compleja y diversa a una serie de jóvenes descerebrados vestidos de negro y encapuchados dedicados a la ardua tarea de destrozar a pedradas las ciudades por las que pasaban. Así que nos propusimos concretar en un diseño de moda toda la riqueza y la diversidad del movimiento antiglobalización que los medios de comunicación dejaban fuera de la representación.

Lo llamamos Prêt-à-révolter porque perseguíamos hacer con la revuelta algo parecido a lo que hizo el prêt-à-portercon la moda. De algún modo, el prêt-à-porter significó la masificación del consumo de la moda, su «democratización» por así decirlo, y nuestra colección de trajes perseguía hacer algo parecido con la revuelta y activismo social: democratizarlo hasta convertirlo en un fenómeno de masas. Y no era éste el único vínculo que el Prêt-à-révolter establecía con la moda. Toda moda propone siempre un sentimiento de pertenencia a un grupo social y también una «autonomía» en la definición de las estéticas y dinámicas creativas con las que ese grupo se despliega en el escenario de lo social. Pues eso mismo perseguían también nuestros diseños. Al igual que la moda, nuestro Prêt à Révolter aspiraba a imprimir un significado social en las chaquetas y pantalones que confeccionamos para los manifestantes. Buscaba hacer de aquellos trajes y de sus complementos un canal de comunicación, una suerte de transmisor simbólico capaz de representar y difundir las condiciones culturales subyacentes al activismo social.

Para el diseño y confección del Prêt-à-révolter organizamos un buen número de talleres con colectivos y redes sociales de Barcelona, Madrid y Zaragoza. Eran, básicamente, talleres de desobediencia civil en los que analizábamos tanto las técnicas policiales como las tácticas empleadas por parte de los activistas en situaciones de protesta; después tratábamos de darles respuesta en forma de diseños de moda y equipamientos. Trabajamos concienzudamente para que nuestros diseños fuesen «apropiables» por cualquiera que los necesitase; es decir, que los mismos usuarios pudieran transformarlos y adaptarlos a sus propias necesidades en las diversas situaciones de cada movilización. En los talleres prestábamos atención también a la creación y al fortalecimiento de lo que entonces llamábamos «grupos de afinidad». Siempre fue muy importante para nosotros que las personas que pasaban por nuestros talleres los futuros usuarios de los trajes se implicasen tanto en el diseño como en la confección de los Prêt-à-révolter. De este modo, al terminar el taller, estas personas no sólo terminaban siendo usuarios de los trajes, sino que además estaban capacitados para exportar el trabajo a otros lugares, pudiendo crear así, eventualmente, nuevos grupos de diseño Prêt-à-révolter.

Prêt-à-révolter  fue una apuesta por renovar la apariencia del activismo social. Un ejercicio práctico de «autorepresentación» que pretendía derribar los muros de los viejos compartimentos estanco en los que se encontraban atrapadas algunas formas de activismo. En resumen, podríamos decir que el Prêt-à-révolter  fue una respuesta en forma de indumentaria a las necesidades prácticas de la desobediencia civil. Del trabajo realizado codo con codo con distintos colectivos y redes activistas se confeccionaron al final dos colecciones completas de trajes Prêt-à-révolter: la Basic y la Garbage Sports. La colección Basic de Prêt-à-révolter  venía equipada con los complementos imprescindibles para proteger adecuadamente las zonas más sensibles del cuerpo de los manifestantes. Esta colección incorporaba además algún que otro complemento diseñado específicamente para la defensa del manifestante como, por ejemplo, unos divertidos airbags que instalamos en los antebrazos de las chaquetas o unas micro-cámaras que añadimos en algún que otro modelo específico permitiendo al usuario retrasmitir en directo cualquier situación en la que pudiera encontrarse. La colección Garbage Sports, por su parte, estaba pensada para situaciones de alto riesgo, para resistir allí donde la violencia de los enfrentamientos suele ser mucho mayor. Realizada íntegramente con materiales reciclados(botellas de plástico y bolsas de basura, principalmente de ahí su nombre). El aire comprimido en las botellas de plástico vacías y cerradas con el tapón era capaz de resistir impactos de muy alta presión, condición, ésta, imprescindible para resistir una carga policial en primera línea.

Como cualquier otro elemento de moda, el Prêt-à-révolter  representaba una fuerza simbólica que aspiraba a dar respuesta a una serie de cambios estructurales que, a nuestro modo de ver, se estaban produciendo en la sociedad. Cambios que tenían que ver con la expansión de la crisis económica a cada vez más sectores de la población y, por lo tanto, la necesidad de ampliar el campo y el imaginario– de la protesta social. Había que empezar a preparar a la gente para la revuelta, y eso, literalmente, es lo que hacía Prêt-à-révolter .