10 ideas sueltas sobre Joker

1. Joker es el Mal

No debo identificarme con el Joker, nadie en su sano juicio debería hacerlo. Demente, psicopático, satánico, monstruoso, inhumano, inmoral, criminal, el Joker merece únicamente que lo expulsemos fuera de los confines de la humanidad. Su oscura y perversa destrucción nihilista no merece reflexión alguna, tan sólo reprobación. El Joker es el Mal absoluto en su forma más contemporánea, y eso debe únicamente condenarse. El simple hecho de tratar de comprender algo de su comportamiento podría significar encaminarse a la resbaladiza pendiente de la justificación con riesgo de caer al abismo. Y, sin embargo, anoche, mientras veía cómo el Joker perdía la cabeza en la pantalla, sentí que era la mía misma la que se resentía.

2. Joker es un perdedor

Joker es la representación del perdedor, la viva imagen de todos aquellos para los que el viento nunca sopla a favor. A Joker le empuja un enfurecido huracán de pobreza, tristeza y resentimiento. Origen de todo su mal y fuente de su desequilibrio, este huracán se parece demasiado al que nos arrastra a diario a muchos de los que ayer llenábamos la sala del cine. Os aseguro que anoche, a este lado de la pantalla, el Joker no estaba solo, creo que era el único sitio donde no lo estaba.

3. Joker es una broma

Una broma pesada. La broma de una sociedad absolutamente antisocial, la no society soñada por Margaret Thatcher y Ronald Reagan, el origen de todos nuestros males contemporáneos. La película está ambientada a finales de los años 70, justo cuando la cultura del individualismo se hace universal y el sistema económico cobra más dinamismo mediante sorprendentes innovaciones tecnológicas (las mismas de las que se servirá Batman para imponer en Gotham el orden social de la clase dominante). Es también a finales de los 70 y principios de los 80 cuando la autoexplotación comienza a crecer hasta hacerse sistémica, así como la pobreza, que se expande entonces a áreas cada vez mayores de la población. Son precisamente estas dos condiciones, la autoexplotación y la pobreza, las que caen con todo su peso sobre el pecho de Joker, y las chispas que saltan del impacto causan en su corazón una nueva combustión. Un nuevo modo de hacer comedia.

4. Joker discurre por este mundo a su manera

Nadie se interesa por Joker. Los trabajadores sociales que se ocupan de él no aciertan a ver nada en su rostro. Joker es un ser de difícil acceso y, en último término, un ser imprevisible, como lo somos todos nosotros alguna vez también. Joker es discreto, casi mudo, tan sólo su risa deja a veces algo de constancia de su presencia, y, cuando lo hace, provoca una perturbación que raya el espanto. La risa de Joker no es risa exactamente, es más bien un espasmo, un acto reflejo del dolor que no le deja vivir. Anoche sentí que ese dolor era tan parecido al que veo todos los días a mi alrededor que me produjo un profundo malestar. Como si aquellas carcajadas rotas y agudas fuesen de algún modo la respuesta a todo lo que no podemos digerir y que sin embargo nos tragamos a diario sin rechistar.

5. Joker tiene un cuerpo frágil

Su espalda huesuda, su pecho hundido, sus manos temblorosas, el cuerpo de Joker está a punto de darse por vencido y sucumbir. Parece un cuerpo masticado por un ogro con dientes de acero y escupido después. Está agotado, no se entiende cómo se sostiene todavía en pie. El suyo es un cuerpo que ya no debería estar aquí y que, sin embargo, aquí sigue, como seguimos nosotros también. Anoche, cuando lo miraba bailando desde mi butaca con la sala del cine a oscuras, experimenté algo parecido a lo que siento cuando pienso en borrarme de las redes sociales alguna vez; tuve la impresión de que si apartaba por un segundo la mirada de la pantalla su cuerpo dejaría de existir para siempre jamás. 

6. Joker estalla en mil pedazos

Desde el principio de la película, vemos precipitarse la vida de Joker hasta chocar contra el cemento de sus propios hábitos mentales. Es entonces cuando el Joker estalla en mil pedazos que quedan esparcidos por ahí. Joker no tiene a nadie que los recoja, ni una estructura familiar, ni una comunidad, ni, por supuesto, ninguna prestación social del Estado. El desmantelamiento de lo social se lleva a Joker por delante. Joker es el resultado de lo que la razón neoliberal llama «selección natural», un experimento que consiste en eliminar la protección social de los más débiles para ver qué sucede. Y lo que sucede es él, Joker. Y puedes ser tú, y puedo ser yo también.

7. Joker se ríe de este mundo

Destrucción vagabunda, negatividad desocupada, malestar en todas sus declinaciones. Joker no es un activista político –¿cómo iba a serlo alguien tan roto?–; Joker es más bien un antagonismo radical que interrumpe con su risa el funcionamiento habitual del sistema. En vez de protestar las injusticias de un orden social podrido, Joker se ríe. La risa de Joker nos saca de nuestro escondite secreto y nos deja expuestos a la dureza del mundo, más allá de la colmena que llevamos todos en la cabeza. Su risa es lo que evita que el sistema complete su ciclo perfecto de destrucción silenciosa. Es un «no» pintado de verde en la boca misma del orden mundial. La risa del Joker es el espectro que mantiene al mundo en jaque.

8. Joker no tiene a nadie

Sin apoyo de ningún tipo, Joker pierde toda confianza en los demás, y entonces le sucede lo que le sucede a cualquiera que deja de confiar, que la familiaridad del mundo se diluye. El mundo de Joker se convierte a partir de ese momento en un lugar extraño lleno de sombras. Un mundo donde el amor es poco más que un espectro. Conforme se intensifica su aislamiento la vida del Joker se ve empujada a desaparecer por el agujero negro de un desagüe sucio y estrecho que conduce a la nada más oscura. Es precisamente allí, en esa nada oscura, donde su nueva identidad comienza a desarrollar una necesidad patológica de publicidad como única salida. A partir de ese momento, estar en el mundo y dejar huella en el mundo van a ser momentos inseparables en la vida del Joker. Anoche esto no me resultó tampoco muy distanciado de las vidas que acontecen a mi alrededor.

9. Joker mata para existir

Joker no tiene ideales ni valores, sus actos están guiados por un rencor existencial que es mezcla de envidia, sentimientos de humillación, impotencia y resentimiento. Habitado por la pulsión de muerte, Joker se consagra al delito de eliminar al otro sólo por haber nacido. Se convierte en la demostración empírica de que la transgresión no conoce reglas ni límites y de que el Mal, más allá de un criterio moral, puede llegar a ser una fuente inagotable de vértigo, un estado de ánimo. Joker mata simplemente para existir, y lo hace en directo durante un programa de televisión de máxima audiencia. Si elige el escenario de los medios de comunicación para perpetrar su crimen es porque sabe que es allí donde se representa a diario la espectacular humillación del perdedor en el juego de la competencia cotidiana. Joker concibe el asesinato como un acto de venganza contra dicha humillación.

10. Joker tiene que dejar de existir

Cuando terminó la película y encendieron las luces de la sala del cine, comprendí que lo que acababa de ver no había sido una película de ficción, sino una advertencia. Si la empatía es, tal y como dicen, «la habilidad para sentir el placer y el dolor del otro como parte del propio placer y del dolor de uno», Joker es la advertencia de que esta capacidad humana no viene dada sino que ha de ser cultivada. Porque si no lo hacemos, si no la cultivamos la empatía, puede debilitarse hasta el extremo de desaparecer. Toda la película en su conjunto es un aviso para que adoptemos cuanto antes las medidas necesarias para evitar que se haga de noche del todo en un mundo que ya está entre sombras. La manera de actuar del Joker nos recuerda la poca distancia que nos separa a todos nosotros de él, y su risa desquiciada y rota  es el recordatorio de que la vida no puede ni debe ser nunca más dolorosa que la muerte.