Un mundo que nadie ha visto antes (Notas sobre el asalto al Capitolio)

I

¿Quién es ese tío disfrazado de bisonte que se ha colado en el Capitolio? ¿Quién es ese chamán chapucero que trata de entrar en contacto con los espíritus de nuestra civilización para hundirlos en lo más oscuro de la Historia? Cuando lo entrevistan se define a sí mismo como el salvador de la democracia, alguien que ha sido elegido por dios para evitar que la democracia caiga en manos del comunismo internacional. Definitivamente, cada vez es más difícil entender lo que sucede a nuestro alrededor.

II

La información, en cantidades gigantescas y completamente inabarcable, hace ya tiempo que dejó de ser un compromiso inteligente con el mundo. Fuente constante de enfados, la información se muestra hoy completamente incapaz de otorgarnos una mínima explicación sobre nuestra procedencia y, mucho menos aún, sobre nuestro destino.

III

Nuestras pobres mentes, incluso ahora que se encuentran tan desgastadas, continúan buscando la manera de ordenar la experiencia. Ellas son así, no lo pueden evitar, se mueren si no dan con una explicación coherente para las secuencias de hechos que nos rodean, y ahora les cuesta mucho hacerlo. De un tiempo a esta parte, nuestras mentes andan más perdidas que un daltónico jugando al Twister, y eso, entre otras cosas, hace fuerte al populismo de Trump.

IV

Mientras todo se torna más difícil de descifrar, las redes sociales ofrecen a los operadores políticos como Trump la posibilidad de reducir el sentido de las cosas a historias simples. Make America Great Again es una historia muy simple. Nunca antes habían existido respuestas tan simples a preguntas tan difíciles.

V

Vivimos en la era de las emociones compartidas, a tiempo real y a escala global. Sentimientos de pertenencia que se unen, que se desunen, que se transforman y que terminan por desvanecerse en un abrir y cerrar de ojos. Es como si la realidad hubiese caído presa de un algoritmo dedicado a cancelar constantemente su propio sentido, sus creencias. La caída de un sistema de creencias es lo más parecido al fin del mundo que uno pueda imaginar. Pero no es el fin del mundo.

VI

Incluso los más oprimidos por un sistema de creencias temen perderlo. A todos nos da miedo dejar de saber quiénes somos. La actual ola populista que estamos viviendo es el cráter humeante de la antigua clase trabajadora que, privada de su papel histórico, se siente absolutamente marginada por un modelo económico que la deja atrapada en una vida de mierda.

VII

Los tipos que han tomado el Capitolio son la respuesta motora de una nueva polarización social. El conflicto que inaugura esta nueva polarización no es otro que la pugna por la propia naturaleza de lo real. Su lucha es la lucha por la libertad de decidir qué es real y qué no lo es.

VIII

Con cada una de sus acciones se sienten paulatinamente más capaces de crear una realidad a su antojo. Una realidad ajustada milimétricamente a sus propios intereses y que aplasta a todo aquél que no entra en ella. El mundo es para ellos un cuadrilátero en el que pelear a muerte por su verdad. Los deteriorados cuerpos de estos luchadores frikis, los gritos de odio que profieren, las banderas que enarbolan, todo eso no es más que la contestación a una llamada. Una llamada procedente de un circuito electrónico que tiene como único destino la guerra civil.

IX

Para no entrar en su guerra, para no quedar atrapados en la estrecha realidad por la que luchan estos guerreros, lo primero que tenemos que hacer es dejar de engañarnos. Basta de seguir haciendo como si la vieja estructura de la realidad siguiera en pie. Por mucho que sigamos afirmándolo de cara a la galería, entre amigos sabemos bien que la realidad ha estallado en mil pedazos y que ahora somos incapaces de alcanzar el conocimiento pleno de las cosas. De hecho, ¿fuimos capaces de hacerlo alguna vez? Bien podría ser que el sentido de la realidad se diera a conocer únicamente una vez desaparecido del todo, como ese color extraño que vemos detrás de los párpados cuando cerramos los ojos.

X

Así pues, ha llegado el momento de hacernos cargo del nuevo mundo “político” que esta realidad trae consigo. Sin viejos mitos del pasado y sin aspirar ya a ninguna unidad (ni de sentido ni de nada), tratando solamente de arraigar de nuevo a la vida –y no a la guerra– el poder simbólico que tan libre y tan vacío de sentido fluye ahora por todas partes. Al mirar en esa dirección aparece sobre el horizonte el resplandor de una bruma premonitoria. El misterio de lo social es hoy tan profundo como el misterio de la vida misma. Nos toca encontrar el camino hacia un mundo que nadie ha visto antes.