20 años de Seattle

20 años de Seattle

Hace ahora 20 años, justo un mes antes de que acabase el siglo XX, sucedió lo de Seattle. Fue un acontecimiento que pilló por sorpresa a todo el mundo. En pleno fin de la historia, una multitud de jóvenes ataviados con tambores y máscaras antigás logró poner patas arriba la cumbre anual de la Organización Mundial del Comercio. Si me lo llegan a decir un día antes no me lo hubiese creído. Una cosa así no podía suceder en un mundo que parecía haber dejado de girar. El mundo era en aquel entonces un tipo gordinflón acomodado en su sofá con una sonrisa de oreja a oreja que no dejaba de zampar pastelitos mientras tarareaba: «Yo soy así, y así seguiré. Nunca cambiaré». Y, de repente, las imágenes de aquellos chicos sentados en mitad de la vía y gritando aquello de «Another World is Possible». Su aparición en las pantallas de todo el mundo a la vez fue como una pócima mágica que, de golpe y porrazo, rompía el hechizo que nos mantenía jóvenes, pero helados.
Aquellas imágenes hicieron saltar por el aire el cemento de mis hábitos mentales y yo ya no volví a ser el que era nunca más. Desde Seattle estoy vivo todo el rato, y así pienso seguir hasta que deje de estarlo.