Aguas milagrosas

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Muchas de las obras culturales de nuestros días nos son arrojadas a los ojos como arena sobre los rostros de los que atraviesan el desierto. Afortunadamente, no son todas. Algunas experiencias artísticas son capaces todavía de revelar dimensiones de la existencia que de ordinario permanecen ocultas a nuestra percepción. No abundan, es verdad, pero merece la pena esperar por ellas, pues cuando acontecen abren las puertas de un reino que pertenece a un orden de la existencia diferente. Un reino en cuyos jardines, verdes y frondosos, se encuentra escondida la fuente misma de la vitalidad. Si un día, por sorpresa, una imagen impresa, un viejo libro, una película de cine o una canción te conducen hasta ella, no dudes en beber de sus aguas. Son aguas milagrosas, cuando las ingieres tu cuerpo se hace pequeño y ligero hasta sustraerse del influjo de la gravedad, y en ese momento dejas automáticamente de sentirte un turista en tu interior. Seguro que sabes de qué te hablo, ¿a que sí?