Ahora que todo termina

Dentro

Vivimos una suerte de libre mercado de realidades sin regulación. Hace tiempo que los viejos sistemas de creencia cayeron al suelo abatidos, como ese último segundo del presente que acaba siempre por desfallecer, y ahora millones de mentes se ven arrojadas a un nuevo clima de estrés.

Las redes sociales, como esta en la que escribo estas líneas, facilitan la creación y la distribución constante de nuevas realidades. Son miles, millones, los autores que en este colapso de creencias y estilos de vidas ofrecen sus versiones de lo que está sucediendo, pero ninguna de ellas nos resulta suficientemente convincente. Por eso no es extraño ver las conversiones tan radicales que vemos por aquí todos los días. Un día pensamos una cosa y dos memes y tres artículos más allá pensamos todo lo contrario.

¿Estamos siendo arrastrados más allá de nuestro propio entendimiento? El problema que esconde esta pregunta me parece uno de los acontecimientos más amenazadores a nivel psicológico de toda la historia de la humanidad; y a nivel político también. Si lo pienso en serio, me viene a la cabeza la imagen de una gigantesca telaraña delgada y cambiante, y dentro de ella una inabarcable diversidad de ideas y valores incapaces de ponerse en común. Es como si estuviésemos dejando literalmente de saber quiénes somos.

Por supuesto que hay mucha gente dispuesta a ofrecernos respuestas inmediatas a este interrogante, pero tampoco ellas terminan de convencer, pues no acostumbran a ser más que automatismos basados en cualquiera que sea la preferencia ideológica de su autor, y al final seguimos igual de desamparados. No hace falta haber abandonado el hogar para sentirse desamparado.

Supongo que no es la primera vez que esto sucede. Imagino que cuando se desplomó la estructura de la realidad representada por la Iglesia medieval, y ésta perdió su posición como definidora de la verdad cósmica y formadora del orden social, tampoco debió ser fácil. Según dicen los historiadores, aquel desplome de realidad liberó energías muy diversas, llenó de dudas la superficie de la tierra y provocó explosiones de creatividad tan grandes como el Renacimiento.

Me pregunto si será eso mismo lo que nos esté sucediendo hoy, que estemos en vísperas de un nuevo renacimiento justo ahora, cuando parece que todo termina. Y si es así, espero de corazón que lo que traiga sea bien distinto de lo que trajo el otro.