Algo que no termina nunca

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En tierras altas del Pirineo aragonés, allí donde mi segundo apellido, Saura, se hace fuerte saltando de generación en generación sin detenerse ante nada ni ante nadie. Entre este lugar y yo existe una ininterrumpida conexión material. Es como si ambos estuviésemos enraizados en una misma causa común, un mismo motivo secreto que viene de nuestros antepasados y más atrás, remontándose en la evolución hasta el comienzo de la materia viva, hasta la misma célula primera. Cuando camino por aquí, siento que todos los organismos vivos, los humanos, los animales, las plantas, son mis parientes, y las casas y los muros de piedra también, y que lo que compartimos es algo mucho más grande que yo, algo que no termina nunca porque va más allá de la muerte.