Aun sin ser tú el destinatario

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Cuando termine de escribir y pulse el botón de «Publicar», todas estas palabras comenzarán a circular ciegas por el interior de los tubos de fibra óptica que atraviesan los océanos de la tierra. Volverán a ser entonces algo parecido a lo que eran cuando, hace un rato, asaltaron mi cabeza: señales eléctricas. Pequeñas descargas eléctricas capaces de sacudir a la humanidad entera y levantarla como una ola. Cierro los ojos y me imagino millones y millones de palabras circulando a toda velocidad por esos tubos kilométricos y oscuros del fondo del mar. Van locas, se chocan unas con otras y del roce se desprenden chispas que contienen las partículas elementales de todo lo que existe. Una parte infinitesimal de esa actividad soy yo. De eso están hechas estas palabras que, una vez escritas, ya no se detendrán hasta dar contigo (aun sin ser tú el destinatario).