Bajo la corteza

96358968_3511420598873152_8775066511594225664_o

Tomé esta fotografía hace tres años, en un bosque de abedules al norte de Suecia, muy al norte, casi donde se acaba el mundo. Comenzaba el otoño y alguno de los árboles había perdido ya su corteza, como este en el que me detuve para recobrar el aliento tras más de una hora caminando. Ver aquellos dibujos realizados en secreto por una oruga ciega, me hicieron darme cuenta de que la vida tiene en realidad una forma plástica, y hasta un determinado aspecto intelectual a veces. Arrastrándose a oscuras por debajo de la superficie seca del abedul, el cuerpo dividido en segmentos de la oruga interroga a la tierra como lo hace un artista con un lápiz sobre el papel. Esos surcos de largo trazo circular interrogan también al tiempo sin saber siquiera que lo están haciendo. Me alegra haber encontrado esta foto justo ahora, cuando el entusiasmo parece dormido. Nunca está de más recordar que los acontecimientos siguen y han seguido siempre su propio curso, desde el principio, y que así lo harán hasta el final, con o sin nosotros. Porque ese impetuoso arroyo que es la vida no depende de nosotros para seguir recorriendo el mundo. Lo que depende de nosotros es la decisión de seguir fluyendo con él o no.