Conectar con las fuentes originales

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Afuera de nosotros hay materia, hay energía y hay también algún que otro rastro de nuestro interior. Huellas que hemos ido dejando a lo largo de los siglos en forma de libros llenos de palabras escritas, y en forma también de creaciones artísticas: pinturas, esculturas, arquitectura, música (que es el arte más abstracto de todos).

Sin embargo, toda esta acumulación cultural producida a lo largo de la historia de la humanidad por aportaciones de innumerables personas individuales, solamente se convierte en realidad cuando alcanzamos a descifrarla. Este hecho revela la evidencia de que la realidad depende enteramente de nuestra capacidad individual a la hora de descifrar el mundo exterior; y revela también un problema, pues para que esta capacidad interpretativa funcione y sea capaz de transformar la realidad, ha de cultivarse, aprenderse y transmitirse con esa intención, y hoy lo hacemos con la contraria.

Lo que encontramos hoy en las aulas de las universidades y centros de aprendizaje de todo el mundo, así como en los medios de comunicación, es la transmisión diaria del cuidado y mantenimiento de la desastrosa realidad que nos rodea como única realidad posible. Sobra decir que este paradigma educativo afecta directamente a nuestra imaginación (hoy más mermada que nunca), y por lo tanto a la potencia que cada uno de nosotros tiene para crear mundos.

Sabemos que la imagen del mundo exterior, esa que vemos y compartimos a diario, no se convierte en realidad hasta que no pasa por nuestro interior, hasta que no se empapa de ese río oculto que nos corre a todos por dentro. Sabemos también que somos nosotros los que creamos la imagen del mundo, tanto la más oscura como la más luminosa imagen del mundo. Lo que no sabemos —y es aquí donde nos encontramos atascados— es cómo desenchufar nuestra energía de la corriente interpretativa oficial del mundo para volver a conectarla a las fuentes originales de la vida, esas donde las llamas, crepitando con voracidad, revelan un espacio siempre abierto.

Crear un nuevo horizonte cargado de ilusión y esperanza pasa irremediablemente por resolver este acertijo.