Distintas pero iguales

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Una amiga me envía un mensaje en directo desde una de las manifestaciones de Black Lives Matter en Nueva York. «Leo, aquí somos todas iguales. Las mujeres, los hombres, los negros, los blancos somos estos días en la calle todos iguales». Sus palabras relucen con esperanza en la pantalla de mi teléfono móvil, son como el anuncio de una presencia viva que, invisible aún, ya se deja sentir en la oscuridad.

Comenzar a percibirnos como iguales en esta vida hecha de partes que parecen no poder reunirse jamás, es sin duda una de las mejores noticas que se pueden recibir hoy. Y es que ser iguales no quiere decir que los negros dejen de ser negros, o que las mujeres dejen de ser mujeres, ser iguales no quiere decir dejar de ser diferentes, más bien al revés: ser iguales es tan solo saber que somos diferentes y que aún así estamos dispuestos a vivir como iguales.

«¡Somos distintas pero iguales!». Gritémoslo con valentía, con la fuerza que nos da saber que el proceso de la igualdad es siempre el de la diferencia. Convirtamos este grito en el pistoletazo de salida hacia su cumplimiento.