Dos días a oscuras

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La planta nuclear de Chernóbil lleva dos días a oscuras. Esto es algo extremadamente peligroso, pues sin electricidad podrían dejar de funcionar los sistemas de refrigeración de los desechos radiactivos. Las líneas que pego a continuación las he extraído de un artículo que escribí hace casi cinco años. En él, además de reseñar el libro Voces de Chernóbil de Svetlana Alexiévich, traté de pensar el desastre nuclear en términos postpolíticos.


El Sarcófago es como llaman en Ucrania a la inmensa cúpula de plomo y cemento que se tuvo que construir para recubrir las 200 toneladas de material radioactivo procedente de Chernóbil. Se trata de la cúpula más grade y cara de toda la historia, mide 110 metros de altura y 260 metros de largo, y pesa unas 32.000 toneladas. A día de hoy, su coste de producción ronda los 2.200 millones de euros, y de su efectividad depende la vida no sólo en Ucrania sino en todo el continente europeo. Hasta la fecha, el Sarcófago ha hecho bien su trabajo, nos ha protegido perfectamente de nuevos escapes radiactivos. Sin embargo, el sarcófago tiene un problema: no dura para siempre.

Con el paso de los años, la radiación acaba por comerse el sarcófago también, y esto obliga a reconstruirlo cada cierto tiempo. El primero duró casi 30 años, y la primera vez que tuvimos que reconstruirlo tardamos cinco años en ponernos de acuerdo para hacerlo. Cinco años con los materiales caducados arriesgándonos a nuevos escapes radiactivos. El motivo principal del retraso de las obras de reconstrucción fue, como no podía ser de otro modo, el dinero. La Unión Soviética ya no existe y ningún país quería ahora hacerse cargo de semejante gasto. Al final, y de muy mala gana, Ucrania aceptó y pagó el 8% de su coste; el resto fue financiado por la Unión Europea y por la comunidad internacional. Según dicen, este nuevo sarcófago tendrá una duración de unos 90 años, y entonces habrá que construir otro nuevo.

Puede que 90 años parezca mucho tiempo, pero si lo comparas con los 24.000 que se supone que tardará en desaparecer la radiación no es tanto. 24.000 años abren tal dimensión temporal que resulta imposible pensarla en términos políticos. ¿Qué tipo de legislación, qué acuerdo podría llegar a sostenerse durante tanto tiempo cuando tan sólo los primeros 30 han resultado ya casi inabarcables? No, definitivamente no será la política lo que nos protegerá de los escapes radiactivos futuros. Chernóbil exige dar con un camino distinto al que nos ha traído hasta él. Sólo así podremos llegar a recuperar un día la fe en una vida futura.