El segundo verso

AfterlightImage

De todas las tradiciones navideñas solo hay una que respeto de verdad: el reencuentro anual con mis discos y mis libros favoritos. Se trata de un acuerdo informal pero muy formal que mantengo con ellos desde que me fui de casa de mis padres. Es muy sencillo, consiste simplemente en no escuchar ni leer nada nuevo durante los días que paso en Zaragoza, y escuchar y releer únicamente los discos y libros que más me gustaron cuando era joven. Cumplo con este pacto a rajatabla todas las navidades, y ellos, mis discos y libros favoritos, lo cumplen conmigo también. Después de pasar todo un año alineados en la estantería del salón de mi madre en estricto orden alfabético, aguardando aletargados el día de mi regreso, cuando por fin entro por la puerta vuelven a la vida de repente como muertos vivientes; y yo con ellos. Ayer mismo, sin ir más lejos, mientras escuchaba el Judy is a Punk de los Ramones, me embargó una fuerza centrífuga muy parecida a aquella que tanto me aturdió siendo adolescente, aquel furioso incendio que tan rápidamente se expandió dentro de mí. «Second verse, same as the first», dice Joey a mitad de la canción, y mola mucho, aunque no sea del todo cierto. El segundo verso nunca es igual que el primero. El segundo verso es el que te hace sentir tanto vértigo que al final terminas tirándote al abismo. «And oh, I don’t know why. Oh, I don’t know why…».

*Gracias César Sánchez por la foto.