Enfrentarse a uno mismo bien, no de cualquier manera

autoenfrentamiento

El conjunto de prácticas artísticas contemporáneas no aciertan, en ninguna de sus vertientes, a superar la representación de la catástrofe. Es como si nos hubiésemos quedado atrapados en el paisaje en ruinas de nuestra civilización sin saber cómo poner fin a este oscuro zeitgeist.

Viendo este vídeo se me ocurre que, quizá, una manera de franquear este límite sea enfrentándonos a nosotros mismos. Ir contra nosotros mismos. Es decir, contra ese sujeto que ha terminado fusionándose con el capitalismo de forma aparentemente indivisible. Me da la impresión de que un enfrentamiento así, un auto-enfrentamiento parecido al que propone, por ejemplo, Chuck Pallaniuk en su novela El Club de la lucha, podría llegar a dar como resultado un renovado y fértil terreno cultural. Un nuevo espectro de prácticas artísticas.

Tal y como lo imagino funcionaría cual procesador mental. Su operaciones básicas serían principalmente dos: borrar la cantidad ingente de información corrupta que se encuentra ahora almacenada en nuestro interior, y reescribir la línea de comando dedicada a evadir el desastre.

Eso sí, tendría que hacerse muy bien, es mucho el riesgo que una propuesta así conlleva. Para empezar, deberíamos evitar causarnos el mayor dolor posible, de no hacerlo nos arriesgamos a terminar como el niño que aparece en este vídeo, y en ese caso el remedio sería mucho peor que la enfermedad. Por muy paradójico que pueda parecer, enfrentarnos a nosotros mismos requiere en primera instancia que aprendamos a cuidarnos, porque, como decía Diderot, «No basta con hacer el bien, hay que hacerlo bien»