Fuego enemigo

Lanzallamas

Pienso en la ola de odio y rencor que azota últimamente las redes sociales y, automáticamente, acude a mi cabeza la imagen de un campo infinito plagado de viejas trincheras. Todos disponemos de la nuestra propia y parapetados en ella disparamos palabras a quemarropa, como proyectiles incendiarios. Lo hacemos con el convencimiento de que las palabras son munición casera elaborada por nosotros mismos, pero no es así. Nuestras palabras has sido tomadas por el espíritu de un fuego que utiliza nuestros cuerpos para propagar su incendio por todas partes. Hablamos una lengua ocupada y nuestras bocas son lanzallamas de un fuego enemigo que nos abrasa cada vez que decimos algo.