Hoy ha muerto Prince (Una vez estuve con él)

Prince

Acaba de morir Prince. Una vez estuve con él. Debía ser el año 96 o 97, yo vivía en Gante (Bélgica) y él vino a presentar su disco Emancipation. Al concierto no fui –entonces frecuentaba yo paisajes sonoros bien distintos–, pero cuando terminó, Prince vino al bar de mi amigo. Su manager le había avisado con antelación: «Prince vendrá a tu bar cuando termine la actuación, sólo puede haber 16 personas dentro» [Sic]. Yo fui una de las 16.

Prince, o mejor dicho «el artista antes conocido como Prince», llegó a eso de la una y media de la mañana acompañado de lo que a primera vista me parecieron a dos tipas gigantes. Alucinación que se disipó en cuanto pasaron por mi lado y me percaté de que el único tamaño anormal allí era el de Prince, el Pulgarcito del pop. Con las dos chicas agarradas por la cintura, la estrella se dirigió hasta la barra del bar y pasándole un CD a mi amigo le dijo «Play it» . Y mi amigo lo puso sin rechistar.

Se trataba de un CD grabado con canciones suyas, canciones de Prince (¡!). Tendríais que haber visto el efecto que causaron en él, en cuanto sonaron los primeros acordes de guitarra –su guitarra– y sin dejar de agarrar por la cintura a las chicas, Princegarcito comenzó a hacer el pavo real en mitad de la pista de baile. Tarareó las estrofas, pegó algún que otro grito, taconeó el suelo con sus zapatos brillantes, y en cuanto terminó la canción, se piraron los tres por la misma puerta que habían entrado cinco minutos antes. «See you, man», dijo mientras salía del bar. Nos quedamos los 16 con la boca abierta.

Por aquél entonces yo andaba muy situacionista, odiaba con todas mis fuerzas todo lo que tuviese que ver con la autoría individual, el ego de los artistas y la cultura oficial en general –¡espectáculo!–. Así que, como os podréis imaginar, lo que acababa de presenciar había sido, sencillamente, demasiado para mí. Lo tomé casi como una ofensa, os prometo que me dieron ganas de meterle una patada en el culo tanto a Princegarcito como a sus dos chicas-florero. Pero no lo hice, y el tiempo pasó. Un año, dos años, muchos. Debord dejó de tener tanta influencia en mí, y mi sensibilidad fue cambiando poco a poco a golpe de experiencias compartidas con personas que a la postre resultaron irremplazables en mi vida. Alguna de ellas llegó acompañada de canciones de Prince, canciones que muy pronto pasaron a acompañarme a mí también.

Cuando pienso hoy en aquél encuentro con Prince, siento algo muy distinto a lo que sentí entonces. Algo a medio camino entre la pena y la risa. Pobre Prince, ¡cuánto debió sufrir viviendo atrapado en su propia imagen! Y, por otra parte, ¡qué bien se lo debió pasar dejando asombrados a tantos tontos como yo a lo largo de su vida! Gracias por las canciones que nos dejas, artista. Nothing compares to you.