La lengua de Pocho

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Desperté a Pocho contándole mis penas pasadas y mis planes de futuro, y de pronto él me sacó la lengua así y me dijo que me callase, que dejase de engañarme con quimeras que ni siquiera engañan a mi pobre corazón.
Me quedé tan sorprendido que no supe qué decir, y Pocho, tan tranquilo como siempre, se guardó la lengua en la boca con la misma indiferencia con la que la había sacado, y antes de tumbarse en el suelo me dijo que la vida no anda perdida en el país de los sueños del pasado y el futuro, sino en el contacto más estrecho con ese punto de experiencia donde sólo puede descubrirse la realidad: este momento.
«Aquí la vida está viva, vibrante, enérgica y presente, y contiene profundidades que ni tan siquiera has empezado a explorar», me dijo bostezando, y cuando terminó de hablar se quedó dormido otra vez.