La llamada de un nuevo impulso

Noche de muertos

Este fin de semana ha estado por aquí mi amigo Amador presentando su libro «La fuerza de los débiles». En la portada aparece un viejo laberinto oxidado, y en su interior una –más que necesaria– lectura del 15M enfrentada de cara a los límites de lo posible político.

La presentación trajo con ella un montón de buenos encuentros con gente que amo y que, por un motivo u otro, hacía demasiado tiempo que no veía. Así que, cuando terminó el rico debate que provocó el libro de Amador, unos cuantos amigos decidimos seguir la conversación en La Social, la magnífica librería que se encuentra justo delante de La Base (donde tuvo lugar el evento).

Era la noche antes de la noche de muertos, y entre tacos de carnita, quesadillas y un poco de mezcal, y franqueados por el impresionante altar que presidía el lugar, ocurrió lo imposible. A penas sin darnos cuenta, fuimos dejando de hablar de política y comenzamos a hablar entre nosotros como si no estuviésemos despiertos, como si hubiésemos dejado a los pies del altar la máscara del personaje que interpretamos a diario y, una vez liberados de ella, nuestra voz se hubiese convertido en un puente viviente entre el mundo del tiempo y el de la eternidad.

Hablamos de los infinitos niveles que pueblan nuestra mente, de espirales dentro de espirales, y del condicionamiento social al que quedamos atados cuando circulamos a ciegas por ellas. «Tenemos que salir de ahí», dijo Marina sin temblarle la voz, y todos nosotros asentimos con la cabeza. Es verdad, tenemos que salir de ahí, tenemos que atravesar el continuum que forman nuestros pensamientos y ver que existe algo más que el mundo material y el interés propio.

Pasado un rato, cuando las velas que iluminaban la mesa habían menguado más de la mitad, caímos en la cuenta de que en la semilla misma del «pienso luego existo» de Descartes se encontraba inscrito ya al completo el hundimiento de la civilización que estamos presenciando hoy en día. Imagínate qué pasada hubiera sido que en ese momento, justo antes de escribir la maldita frase en un papel, le hubieran entrado a Descartes las mismas dudas que nos entran hoy a ti y a mí con casi todo. Estoy seguro que los niveles de conciencia de occidente se habrían modificado por completo, y de que nos habríamos ahorrado un montón de sufrimiento.

Porque la visión racionalista y materialista del mundo está convencida de que explorando el universo físico nos conoceremos a nosotros mismos, y algo de razón tiene, pero se olvida de que explorando nuestro interior somos capaces de conocer el universo entero. Y el viernes por la noche esto quedó más que demostrado.

Cuando salimos de La Social, unas cuantas personas se fueron juntas al parque de Montjuic para sentarse en corro, darse las manos y comunicarse con todo lo que se encuentra más allá de ellas mismas. Yo no fui, preferí irme a casa dando un rodeo por la playa, y cuando llegué a la Marbella sentí como si las perlas del conocimiento ya hubieran sido encontradas, y sólo nos faltara ahora enhebrarlas para componer el collar.

Quizá esta crisis que estamos comenzando a percibir no sea otra cosa que un catalizador evolutivo, una dura prueba que seremos capaces de superar sólo si profundizamos en la comprensión de ambos universos, el universo interno y el externo.

Antes de que empezase a llover, alcancé a ver con claridad que la crisis actual en la que nos encontramos metidos, más que un desastre es un desafío, una llamada a todos y cada uno de nosotros, tanto individual como colectiva, para transformarnos en un nuevo impulso evolutivo.

Una vez metido en la cama, justo antes de cerrar los ojos y quedarme dormido, firmé conmigo mismo el compromiso de no faltar a la llamada, de acudir puntual y contribuir a su propósito tanto como me sea posible.

*Gracias Marina, Noe, Anna, Judit, Julia, Alex Gato, Emma, Paulina, Amador y Lilibélula por sostener la noche (y también por la foto, Lili)