Los mejores son los que primero se van (En recuerdo de Alexandra)

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Sucedió el día de navidad, supongo que lo habréis leído en la prensa, una chica de 27 años moría en Andorra arrollada por un alud. Se llamaba Alexandra y era mi compañera de trabajo. Todos los lunes y martes por la mañana nos veíamos, ella capitaneando con una sonrisa la oficina de EATM (Escuela de Artes y Técnicas de la Moda) y yo, todavía dormido, dispuesto a dar mi clase de Imagen.

Lo de su sonrisa no es un detalle, a lo largo de mi vida he visto muy pocas como la suya. Ale lo tenía todo: amabilidad, simpatía, eficacia. Era una gozada trabajar a su lado y charlar con ella. Siempre me hacía reír. Normalmente, nuestras conversaciones incluían el snowboard, lo que más le gustaba en este mundo. «Tengo una ganas locas de que llegue el viernes, me voy a pasar todas las vacaciones subida en mi tabla», eso fue lo último que me dijo.

La noticia de su fallecimiento me ha dejado completamente roto, lo único que me anima es pensar que murió haciendo lo que más le gustaba. Volver al trabajo el lunes va a ser duro, Ale, todavía no me creo que no te vaya a ver más. Nunca me olvidaré de ti. Es verdad eso que dicen: «Los mejores son los que primero se van». Te quiero.