Nada que celebrar

Jan_Matejko,_Stańczyk

Políticos y gobernantes acompañados de una multitud enardecida, celebran su victoria riendo y bailando, con una única idea fija clavada en sus mentes: la derrota del contrincante. Mientras tanto, en la habitación contigua, el bufón de corte Stańczyk –que tanto y tan bien había empleado la sátira para referirse al pasado, presente y futuro del reino–, aparece derrumbado en la oscuridad de un pozo sin fondo. Melancólico, sumido en sus pensamientos y con su cetro en el suelo, Stańczyk es el único que ha comprendido el destino inevitable al que se precipitan su paisanos. A través de la ventana, un cometa altivo y arrogante cruza los cielos cual presagio de la peor de las suertes. Siempre fue éste uno de mis cuadros favoritos, pero hoy es algo más que eso. Hoy, el cuadro de Jan Matejko es el sastre que nos toma las medidas frente a un espejo abollado que refleja el preciso curso de los acontecimientos, tanto los vividos como los que están por llegar. Si he de ser sincero, diré que no tengo nada que celebrar. Absolutamente nada.