The Damned: machacar la realidad hasta reprogramarla

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Los Damned, sí señor, una de mis bandas favoritas de todos los tiempos. Raros como una sustancia desprovista de órganos, inclasificables como nadie. Eléctricas y eclécticas, sus canciones fueron almacenándose en mis huesos como un metal pesado que, con el paso del tiempo, machacó la realidad hasta reprogramarla por completo, como un virus, como una religión, como un sistema operativo. Los Damned son el polvo de cristal que se clava en mis pulmones al respirar, el vapor que se impone a mis sentidos y hace que ruga lo más oscuro que hay en mí. La voz de Vanian, la guitarra del Captian con su boina roja retorcida en la cabeza agitan mi corazón como un martillo neumático desatando la violencia extrema de mis deseos. Los Damned son un sueño en el que no hay nada que hacer salvo rendirse a sus antojos, pues las decisiones están tomadas mucho antes de empezar a soñar. Los Damned son el spam que me borra del mundo oficial de la política económica, y sus canciones las guardianas de mi templo; un templo vacío hace ya mucho tiempo. Smash it Up.