Transparente y sudoroso

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Me voy una biblioteca pública a trabajar, no aguanto el calor que hace en mi casa. En la entrada, una chica muy amable me informa de que debo actualizar mi carnet. «El nuevo viene con un código de barras que nos permite saber en todo momento quién entra y cuándo lo hace; queremos ser más transparentes, ¿entiendes?». Sí, creo que lo entiendo: la transparencia como método de control. Más que calor ahora siento sofoco. Datos, cálculos, protocolos, la sociedad transparente que viene se parece cada día más a una cámara de vigilancia, esa pequeña máquina que desconfía y sospecha de todo aquello que mira. Creo que me vuelvo a casa.