Un asteroide vagando perdido por el espacio

Asteroid

Estoy viendo la nueva edición de Cosmos. No le llega ni a la suela del zapato a la primera –la de Sagan–, pero me entretiene. El nuevo presentador, Neil DeGrase, pasea por un frío escenario repleto de luces amarillas mientras habla a la cámara, y yo le sigo con los ojos pensando en mis cosas. Él dice: «Una extraña fuerza mueve constantemente el universo en una única dirección», y yo pienso: «mira, igual que a nosotros, que cada día parece que estemos más atrapados en un infinito círculo centrípeto». Él: «Todo se precipita hacia la nada», y yo, que cada vez me veo más parecido a un asteroide vagando perdido por el espacio oscuro, pienso: «Así somos nosotros también, minúsculas rocas flotando en la nada y chocando las unas contra las otras». El capítulo termina con una severa afirmación de DeGrase. En un primerísimo primer plano sus labios rojos nos advierten de que nada resiste a la absorción universal, «ni tan siquiera la luz», dice. Apago el ordenador, me lavo los dientes y me meto en la cama. Antes de entrar en el sueño, una severa afirmación acude a mi cabeza también: «Somos polvo procedente de una violenta explosión, y vivimos en la más absoluta gravedad». Apago la luz. Buenas noches.