Debate: Adam Curtis. Una historia natural del poder (Xcentric, CCCB, Barcelona)

Gracias al equipo de XCENTRIC CINEMA por organizar el ciclo de ‘Adam Curtis. Una historia natural del poder’, y por invitarme a participar en él. Fue un placer presentar el episodio ‘Fuck you, Buddy’ de la serie The Trap, y debatir con los asistentes acerca de la condición neoliberal que delimita nuestras vidas, y los intersticios cotidianos que la enfrentan.

Al terminar la proyección, tomé la palabra y dije que las pelis de Adam Curtis me gustan mucho, pero que me dejan siempre un poco aturdido. Por un lado veo mi mundo reflejado en ellas; pero por otro, siento que una gran parte de lo que me acontece a diario no aparece nunca representado ahí.

Para explicar la genealogía de nuestro tiempo, Adam Curtis dibuja siempre un círculo cerrado. Y la cosa le funciona bastante bien. No se puede negar que el mundo en el que vivimos se parece mucho al que aparece representado en sus películas, que no es otro que el neoliberalismo (aunque Curtis no lo llame nunca así).

El episodio de ayer mostraba cómo se ha ido producido una capitalización total de la vida, y cómo todo ha ido adquiriendo poco a poco la forma de una empresa: los gobiernos, las instituciones…, hasta que los individuos nos hemos convirtiendo en aquello que Foucault llamó una “Empresa de sí”.

Esta condición nos aboca a un infierno social e íntimo. Un infierno en el que estamos obligados a superarnos en cada momento, y forzados a ir siempre más allá de nosotros mismos. Un infierno donde no existe el descanso y donde estamos condenados a arrastrar un desequilibrio permanente en todos los planos de nuestra existencia (trabajo, relaciones afectivas…).

Si echamos un vistazo a nuestro alrededor –y también dentro de nosotros– encontramos que, como bien muestra la peli, la búsqueda de beneficios es hoy el motor de muchos de nuestros comportamientos. Entendemos el mundo únicamente como un conjunto de oportunidades rentables, y en un mundo así la competencia se autoproclama como el principio regulador. De hecho, la competencia es hoy el verdadero gobierno de nuestras vidas.

Nos detuvimos un rato a observar algunos de los mecanismos que emplea el neoliberalismo para imponer la lógica de la competencia como conducta social. Destrucción de las protecciones sociales, desarrollo deliberado de la precariedad masiva, endeudamiento generalizado de los estudiantes y las familias, etc. Una vez visto esto, quedó bastante claro que el neoliberalismo no nos gobierna a través de la ideología, sino más bien a través de la presión que ejercen sobre nosotros las situaciones de competencia creadas por él.

Después, hablamos un poco acerca de cómo estas pautas han ido introduciéndose en nuestro interior poco a poco, y cómo se han hecho fuertes ahí adentro. El neoliberalismo -dijimos- No es algo exterior a los sujetos, sino algo que pone en juego nuestra manera de vivir, las relaciones con los otros y la manera en que nos representamos a nosotros mismos. Más que un sistema económico es una forma de vida, una forma de existencia que extiende la lógica del mercado a todas las esferas de lo humano, hasta llegar a vernos a nosotros mismos como una marca comercial.

Este panorama, tal y como vemos en las pelis de Curtis, da como resultado una sociedad muy represiva. Pero represiva en un sentido muy distinto a como lo entendíamos en los años 60, cuando la represión se estructuraba sobre las Instituciones disciplinarias (familia, escuela, hospital, cuartel, fábrica…). “La de ahora es mucho más jodida” -dijo anoche un chico rubio con acento argentino– “porque nos creemos libres”.

Resumiendo mucho, podríamos decir que las películas de Curtis nos muestran un desastre muy fidedigno. Por eso comencé mi presentación diciendo que a mí me gustan mucho, porque aciertan a mostrar lo que nos sucede en un sentido general. Pero sólo en un sentido general. Porque en el momento en que dejamos de aplicar una mirada general al mundo, en cuanto dejamos de lado de la idea de totalidad, y comenzamos a atender a lo particular, las pelis de Curtis empiezan a parecerme una trampa. The Trap 😉

Afortunadamente, existen infinidad de momentos y situaciones en las que sentimos que lo que hacemos, lo que vivimos, participa de una fuerza común. Son muchos los planos sobre los que podemos percibir la vida. Tantos que nada, ni el neoliberalismo ni nada, puede llegar a totalizarlos. Si atendemos a los detalles de la existencia –cosa que a Curtis no parece interesarle mucho– veremos que cada uno de ellos contiene una forma de vida al completo.

Mi presentacion de ayer fue, precisamente, una apuesta por los detalles. En los detalles –dije– nos aguardan innumerables fuerzas. Son fuerzas que no se ajustan en absoluto a los cálculos; fuerzas incalculables que pueden formarse en cualquier lugar y en cualquier situación. Expliqué que para mí es muy importante que comencemos a representar estas fuerzas, a introducirlas en nuestro imaginario cuanto antes. Creo que es en ellas donde se encuentra el poder de erosionar el mundo desastroso que vivimos y que tan bien representa Curtis en sus películas. Así como la torcida idea de libertad que trae consigo.

A modo de conclusión, dije que el hecho de explicar en términos generales lo que nos sucede, tal y como hace Curtis, está bien. Pero me parece mucho más importante que comencemos a promover desde ya formas de subjetivación alternativas al desastre y a la competencia.
“Hay que experimentar con expresiones y formas que conduzcan nuestras conductas en dirección opuesta a la de la competencia”, dije agarrando el micro con fuerza, y después lancé una pregunta: ¿Cómo salimos de la representación repetitiva del desastre, y comenzamos a crear formas de vida alternativas?

Como había en la sala un montón de artistas y creadores jóvenes la conversación se mantuvo bien caliente todo el rato, hasta que se hizo la hora de cerrar y tuvimos que salir de allí. ¡Qué distinto es ver las pelis de Curtis en compañía de otros! Lo dicho: gracias Excentric por provocar este encuentro. Me quedo con ganas de más.