Pero, ¿qué es un final?

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Hoy lo he vuelto a escuchar: «No hay nada que hacer, no hay salida». Esta vez era mi vecino del cuarto el que se lo decía al camarero del bar donde acostumbro a desayunar los domingos. Está claro que, de entre todo el amplio abanico de ideas que se agitan en el interior de nuestra mente, la idea de un irremediable final brilla con una luz especial. Pero, ¿qué es exactamente un final? No sé a vosotros, pero a mí me resulta bastante difícil responder a esta pregunta. El final me parece un concepto ambiguo. Si nos fijamos en el vocablo latino finis tiene dos significados muy diferentes: final y meta a alcanzar. ¿Qué quiere decir esto, que la meta es alcanzar el final o que la meta es precisamente lo que hay que alcanzar antes de que llegue el final? La verdad es que nunca me ha quedado claro, y lo mismo me sucede cuando pienso en su contrario: el comienzo. ¿Qué es exactamente un comienzo? ¿No os ha pasado alguna vez que al aprender una nueva información, al adquirir un nuevo conocimiento, habéis sentido que en cierto modo lo habíais sabido siempre? A mí me pasa todo el rato y todavía no logro explicarme por qué. ¿Quiere decir esto que siempre sabemos todo y que lo único que nos pasa es que a veces no sabemos que lo sabemos?, ¿quiere decir que todo está siempre presente y que nada comienza nunca en realidad?, porque si es así, no sería de extrañar que un día, mirando más allá de la realidad consensuada, descubramos que la salida de este laberinto sin salida estuvo siempre aquí, delante de nuestras narices, y que en el fondo todos lo sabíamos.
Fotografía: The birds (Eric Kogan)